Cada tarde, justo cuando salía de la facultad, él estaba allí sentado. Como si se tratase de una cita. Siempre bien arreglado, con un ramo de rosas rojas y una sonrisa sincera en su rostro. Sentado en la parte izquierda del banco, bajo la sombra de aquel frondoso árbol, dejando así que el silencio se siente a su lado.
Más de una tarde se había sentado en la cafetería de enfrente de ese banco, sólo para observar a ese hombre, mas sólo sombras se situaban a su lado. Y veía como a medida que transcurrían las horas él no perdía esa sonrisa, de alguna forma demostrando que no perdería la esperanza. Pero nunca llegaba nadie. Aún así, él no faltaba ninguna tarde, ya hiciese frío o calor, lloviese o nevase, jamás se retrasaba o ausentaba.
Cada tarde permanecía allí horas, con un nuevo ramo de rosas rojas entre sus manos y una mirada esperanzada. Esperando, quizás, a alguien que jamás llegaría a tiempo.
Because he was a simple man.

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