-¡No lo hagas Jack!-. La incesante voz de Jonh se lo gritaba constantemente.
Sentía el frío del cañón del arma apoyado en su nuca, una sensación que te hace que el cuerpo llegue a temblar.
La muchedumbre se encontraba frente a él, como si aquello se tratase de un espectáculo. Quizás lo era. Los murmullos de los indígenas eran como un incesante zumbido que llega a meterse en tu cabeza y no te deja pensar con claridad. Las estruendosas risas de aquellos que se sentían superiores por tener un arma rompían con toda tranquilidad que ese lugar pudiera albergar. La luz que desprendía alguna hoguera perdida en aquel paraje era la única iluminación de aquel hecho. Ni el sol ni la luna serían testigos, sólo esos desconocidos y Jonh; sólo un recuerdo que pronto olvidarían.
Las heridas ya eran demasiado profundas, algunas todavía sangraban y otras, otras habían sido reemplazadas por otras incluso más hirientes. Las esperanzas de regresar al hogar se habían esfumado, como una efímera caricia en un momento de amor. Porque las antiguas promesas realizadas en algún lugar lejano, ya no tenían el mismo valor, y al mismo tiempo, las ganas de seguir luchando por ellas quedaron heridas en algún momento de la guerra.
Ya había perdido a mucha gente en esa guerra, colegas con los que pasaba largas tardes en la taberna, compartiendo algunas jarras de cerveza mientras jugaban a las cartas. Incluso, había perdido en mitad de un tiroteo a su hermano, al pequeño Mathew. El recuerdo de cuando eran pequeños, aquella vez que jugaban al béisbol y discutían por quién sería el mejor soldado, se había hecho tan nítido desde que dijo su último adiós.
Moriría con honor, había luchado por sus principios y por ello no se arrepentía de nada. Y jamás lo haría. El uniforme de soldado se mantenía en el mismo lugar que el día que llegó a esas exóticas tierras, aunque ahora este estaba lleno de arañazos y pequeños agujeros. Manchas de sangre y barro por todo él. Todo ello reflejando de algún modo a su alma, herida y cansada de continuar.
-¡Por favor Jack, no! ¡Piensa en ellos!
Con las manos alzadas en la cabeza, el cañón en el mismo lugar, se arrodilló en el suelo esperando su inminente final.
El sonido del gatillo del arma se escuchó en ese lugar. Las voces desaparecieron dejando lugar a un escalofriante silencio. Jack cerró los ojos, de sus labios se escapó un suspiro que sería olvidado, y un último pensamiento cruzó su mente. –Por fin libre-.

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