No lo entendía, Dean era incapaz de comprender porque había ocurrido. De un momento para otro parecía que el mundo era un instante fugaz y que ahora todo se detenía a ese segundo que parecía no acabar. Veía como Nel caía sobre la mesa y era incapaz de moverse del lugar en el que se había plantado, era como si fuese el gorrión al que su pequeña patita se le ha atrapado en el resquicio de corteza del árbol en el que había descansado mientras el hábil águila se cernía sobre él. 

Tic, toc. Tic, toc. Repiqueteaban las agujas del reloj del salón.

 

Anuncios