Category: Vodka


Bury.

Lentamente una gota de sudor trazaba una tenue línea en su frente. Una palada más, y más arena ocultando algo secreto; alguien que nunca nadie lograría encontrar.
Un cuerpo sin vida empezaba a ser eclipsado. El blanco de su piel contrastaba con esa morena tierra, dibujando así una tétrica imagen. Un precioso vestido blanco pintado de un rojo muy parecido al color del mejor vino del mundo. Y unos preciosos ojos agua marina, escondidos por unos párpados decorados por unas largas y oscuras pestañas. Simplemente, bella.
Con gran esfuerzo, él iba escondiendo algo bajo tierra y, al mismo tiempo, algo en su propio corazón. Su amor por ella era algo demasiado grande, hasta el punto que rayaba lo obsesivo; algo que acabó con ella, logrando así que tan sólo fuese de él. Completamente suya.
Día a día, la observaba entre las sombras, como si ella se tratase de alguna obra de arte muy cara. Pensaba en ella como la perfecta diosa que gobernaba su mundo, sus sueños y hasta sus decisiones. Aunque ella no fuese consciente de todo eso. Y tampoco jamás lograría saberlo.
Varias miradas se cruzaron durante tres largos años. Quizás también, algún que otro saludo educado. Pero nada más; tan sólo eran unos completos desconocidos. Hasta aquella noche.
Un desafortunado día. Un intento de detener la persona amada cuando huye de ti, un mal paso y todo acaba.
Más arena iba cubriendo ese inerte cuerpo, el canto de algún solitario grillo en ese espeso bosque y algún rayo de luna reflejaba ese imperdonable hecho.
Un único beso fue robado de esos, ahora, fríos labios. Y ya no habrían más.
Pronto acabaría. Él se iría para no volver más. Ella permanecería por siempre más en ese recóndito lugar. Y nada jamás habrá existido. Tan sólo un amor no correspondido y una trágica noche.

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Enough.

-¡Ayúdalo! -. Mas él no mostró ningún signo de compasión. – ¡No puedes dejarlo allí como si realmente nada hubiese sucedido!
– Ahora ya no hay nada que ver entre él y yo. Él lo buscó y con ello me hirió. Así que ahora no trates de enmendar sus errores.- Diciendo esto retomó su camino hacia la salida de aquel pub.
– ¡Derek! – Mas él no se inmutó-. ¡Derek, joder, es tú mejor amigo!
– Y también la persona en quien más confiaba. ¿Y para qué? Para que cuando menos lo esperes te traicione y luego lo niegue. Se merece esos puñetazos, aunque realmente debería haberle dado la paliza de su vida, para que así llegue a aprender que no se juega con las personas.
– ¿Cómo estás tan seguro que fue él quién lo hizo?- Cuestionó Lucas-. ¿Por qué no es todo una mentira para que os peleéis?
-Porque si realmente lo fuese no hubiese dudado de él en ningún momento. Porque sé distinguir entre una mentira y una traición, y desde luego esto no se trata de una burda falsa. ¡Maldita sea! ¡Ha jugado desde el principio!- La ira poco a poco se apoderaba de Derek-. Porque no pienso confiar nunca más en nadie, porque lo que es mío seguirá siendo siempre así y mi vida me pertenecerá únicamente a mí-. Inspiró hondamente tratando de recobrar el aire perdido y de alguna forma intentado calmarse-. Ya es suficiente. Jamás volveré a confiar en él ni en ninguna otra persona. Sí, seré un incompleto y al mismo tiempo alguien que será inmune a todo lo demás. Para mí Dave ha muerto y con él las palabras amistad y confianza.
Y sin más palabras e ignorando las protestas de Lucas, Derek salió por esa puerta para no regresar nunca más.

Fell on black days.

El vocalista situado en el centro del escenario da un breve suspiro. Se separa del micro haciendo su pausa más elegante, más espectacular. La señal de inicio.
Las cuerdas de la guitarra se escurren entre sus dedos y las notas surgen a la superficie. Ese solo hace que las paredes vibren, que las luces bailen con su melodía de la misma forma que lo hace la multitud. Porque todo esto hace una noche hipnotizante.
Parece que la tormenta que se está dando allí fuera también quiere compartir ese momento y hacerlo más adicto si es posible. Sus gotas cristalinas danzan al compás de la guitarra mientras escurren por ese transparente cristal que las separan del furor.
La multitud la marea y la pervierte con sus sensuales movimientos. La música es su guía. Y por ello es ella quién los mueve en ese trance, como si fuesen simples títeres. Y eso le fascina.
El sudor se escurre entre sus negras hebras y su nuca, humedeciendo con su paso ese tatuaje inscrito en ella. Se muerde el labio inferior como si con ello pudiera detener la adrenalina y excitación que corre por sus venas. La música la intoxica. Las cicatrices del pasado desaparecen, los malos momentos se esfuman durante ese instante. Solamente necesita sentir esa paz que le contagia ese instrumento que reposa en sus manos mientras sus dedos juguetean con sus cuerdas. Porque su guitarra y la sensación de que nada más existe que la invade mientras la toca son su droga. La más mortal.
La última nota se escapa, las luces se apagan. (Dinamita). La multitud grita embravecida.

Photographs.

Diariamente eterniza algún momento, algún lugar, alguna persona.
Pero nunca aparece en ellos.
Siempre ha preferido permanecer tras la cámara.
¿Por qué motivo?
Quizás tenga miedo de no aparecer en esa imagen.
Quizás, después de todo, no haya nadie en su lugar.

Freedom.

Escucho las sirenas de los coches de policía.
Sabía que me seguían. A mí, sólo a mí.
Aumentaba a cada minuto la velocidad del coche.
¿Qué importaba a cuanto? Lo mejor era sentir la adrenalina filtrarse por mis venas.
Vuelvo a mirar, una vez más, por el retrovisor.
Veo las luces rojas y azules parpadeantes bailar con la luz de la luna.
Sonrío. Sonrío tan cínicamente como puedo. Y me encanta.
Sé que soy totalmente culpable, y aún así no me arrepiento. Nunca lo haré.
No hay culpa, no hay dolor, no hay arrepentimiento.
Sólo goce.
La oscura pistola permanece en la guantera del coche.
Nadie lo sabe. Y no lo sabrán.
Subo el volumen de la radio, hasta el punto que el coche vibra a su son.
La oscura noche me absorbe, hasta tal punto que me hipnotiza.
Por más que lo intenten jamás lo conseguirán.
Nunca nadie sabrá la verdad ni el motivo.
No, por más que quieran no lograrán alcanzarme.
Porque sí, me siento libre.

Lemon.

Dicen que si la vida te da limones, debes hacerte una limonada.
Yo, en cambio, cogería esos limones y los escurriría gota a gota en los ojos de quién me los ha dado. Finalmente, se los arrojaría a la cara.
La próxima vez que esté tentado a darme limones, se lo pensará dos veces.

Fuckin’ hate.

-¿Te quieres callar de una puta vez? -Respiro hondo. Le doy una calada profunda al cigarrillo-. Te odio a tí. Odio al mundo entero. Lo odio absolutamente todo. -Lentamente suelto el humo, como si realmente no quisiera que me abandonase-. Pero lo que más podré odiar en toda la vida -mantengo ese silencio dramático que tanto adoro,- es a mi misma. -Ahora es cuando realmente sonrío cínicamente, sonríe mi verdadero yo.

Cynic.

-Lo siento es demasiado tarde.
-¡Como qué demasiado tarde! ¡Es imposible que sea tarde Alex!.- La desesperación era tan grande que su voz temblaba.
-Lo es Lucas. Él se encuentra desangrándose lentamente sobre el frío azulejo.- Decía mientras sonreía cínicamente-. A veces las cosas no suceden como uno espera. Sobretodo si yo estoy involucrado.

Toast.

Brindo por las lágrimas que no derramé.
Brindo por quien consiguió hacerme reír.
Brindo por lo que nunca llegaré a ser.
Brindo por lo que no logré.
Brindo por haber luchado día a día.
Brindo por ser quien soy.
Y finalmente brindo porque necesito una copa más.

Sexy Guy.

Un noche más ella se encuentra sentada en el mismo bar.
Con un café humeante entre sus manos.
Lo observa, como cada noche, en medio de una calle desierta difuminada por la oscuridad.
Verlo ahí apoyado sobre su Harley, era todo un delirio.
Mandíbula fuerte, con aura varonil.
Cuerpo musculado, de esos que te invitan a recorrerlo lentamente.
Mientras sostenía un cigarro entre sus dedos.
¡Ah! Y esa sonrisa tan orgásmica.
Sí. Toda una fantasía.
(Totalmente un Sexy Guy).