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Maybe.

En días como estos pienso porqué mi vida decidió seguir este rumbo y no otro.
El porqué siento mi sonrisa como algo falso, o bien que detrás de las miradas siempre se esconde algo más. Puede que las palabras que se escapan de mi boca sólo sean eso, palabras, y esten vacías después de todo. Quizás las lágrimas ya no son capaces de escaparse del lugar donde pertenecen, puede que por timidez o bien temor.

Puede que, al fin y al cabo, todo se reduzca a nada.

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New chance.

Un coche azul para frente a ti, mientras esperas a que el semáforo cambie a verde.
La ventanilla tintada del coche baja, y tras ella se asoma una mujer con gafas de sol.
– ¿Subes?
– ¿A dónde te diriges?
– A algún lugar mejor
La examinas, desde esos claros ojos que esconde tras esas oscuras gafas, hasta esos labios color carmín.
-A una nueva vida. A una nueva aventura. ¿Vienes?-. Te pregunta, una vez más.
Vacilas, pero no de la forma en que lo haría alguien que tiene miedo, no. Si no como alguien quien lo esperaba con ansias.

Mirror.

– ¡Suéltame!
Una risa macabra resuena entre esas cuatro paredes.
-¡Qué me sueltes de una maldita vez!-. Repite una vez más, mientras vuelve a forcejear con las cuerdas que la mantienen sujeta de manos y pies en esa silla.
No puede más. En sus muñecas ya se han dibujado las marcas rojizas y de su labio inferior escurre un fino hilo de sangre. Pero no por ello su mirada es menos dura, menos fría.
– Grita cuanto quieras, nadie te oirá.
– ¿Qué quieres más de mí? Lo has conseguido todo. ¡Maldita sea! ¡Has roto mis sueños! ¡Has pisoteado mis esperanzas! ¡Has conseguido borrar todos los buenos recuerdos que mantenía egoístamente para mí! ¡Todo era mío! ¡Y lo único que queda de ellos es el dolor que late en mí! ¿No te basta?
La mirada del sujeto se clava en la suya. Con sus ojos la reta a algo.
– ¿Realmente soy yo quién ha hecho todo eso?
Cierra los ojos con el deseo que todo desaparezca. Qué todo fuese una pesadilla.
Suspira. Desea que todo sea una ilusión.
Sonríe. No del modo en que lo haría alguien feliz, tampoco del modo en que uno sonríe cuando se rinde. No, esa sonrisa destila cinismo.
Es reacia a abrir los ojos, y por ello lo hace lentamente.
Silencio.
Su verde mirada se impone.
Frente a ella sólo hay un gran espejo, un inmenso espejo que la refleja a ella. Sola. A ella misma sentada en una blanca silla frente a un espejo.
Después de todo, no fue él quién produjo todo ese caos. No siempre es el resto quién reduce a nada tus anhelos.

Merit.

A veces, cuando me encuentro sola, me siento en algún lugar repleto de soledad y me pongo a pensar.
¿Por qué la vida no es más sencilla?
Y le doy una y mil vueltas. Y aún así no le encuentro ningún motivo coherente.
Quizás, la vida es tal y como es por nosotros.
Si fuese más sencilla, ¿no serían nuestros méritos simples propósitos sin importancia alguna?

Words.

Hay momentos en los que no tengo las palabras adecuadas. Instantes en que hablo cuando no debo y callo cuando no es necesario. Y, cuando verdaderamente sé que es lo que tengo que decir, miento.

Nowhere.

Un día cualquiera saldré corriendo.
¿Dónde?
Hacia un lugar repleto de soledad.
Quizás a un precipicio, donde pueda sentir la sensación de vida y muerte al mismo tiempo.
A un lugar donde pueda gritar lo que pienso y verdaderamente soy.
Un lugar donde no deba fingir que soy feliz y que estoy bien.
A un lugar donde el viento juegue con mi cabello color ceniza y me susurre secretos al oído.
Un lugar donde se respire libertad.

A lost sigh.

Durante toda mi vida me he preguntado cómo sería volver a sentir el viento sobre mi piel, mientras siento esa sensación de volar al correr.
Hace varios años me diagnosticaron una enfermedad grave del corazón. Al parecer esta no tiene cura y un trasplante no sería efectivo, ya que al poco tiempo volvería a estar en la misma situación.
A penas recuerdo qué era pasar una tarde al aire libre en un parque corriendo y jugando con el resto de niños. Qué se sentía al sentarse en una terraza de algún bar y charlar con los amigos. Casi no recuerdo cómo se siente uno al bailar con las gotas de lluvia.
Tan sólo me quedan esos escasos recuerdos en mi memoria, casi transparentes, casi inexistentes.
Ahora tan sólo siento los rayos de sol a través de los limpios cristales de casa, del mismo modo en que veo cómo el cielo llora con fuerza.
Paso días y días en casa, acompañada por los libros y algún disco de vinilo.
Yo misma decidí permanecer en ella, nunca me gustaron los hospitales y si mi tiempo aquí era limitado, quería sentirme yo misma.
A veces cuando estoy sola, me siento frente a la ventana que da al jardín, y mientras observo las bellas flores que mi madre cuida con tanto aprecio, reposo mi mano sobre mi seno, para así poder escuchar el débil latido de mi corazón.
Sé que en estos meses que me quedan de vida, añoraré como me hubiera sentido al enamorarme, al sentirme querida por alguien. Extrañaré los besos de mi amorosa madre y las sonrisas de orgullo que muestra mi padre frente al resto al tenerme como su hija.
Quizás esté equivocada cuando pienso que todo acaba aquí, que nadie sentirá mi ausencia. Pero, aun así soy fuerte, valiente y no me dejaré vencer por el miedo de que pronto llegará el fin.
Tengo tantos sueños que deseo cumplir, y son tantos los que permanecerán en el tintero esperando ver la luz algún día… Pero, incluso así, tan sólo hay uno, únicamente ese que desearía poder cumplir antes de morir. Cuánto desearía poder salir de estas cuatro paredes y sentir una última vez la sensación de libertad…
Un día menos. La noche ha conseguido abrazar totalmente a la claridad. Otra batalla perdida. Un falso intento del sol por brillar eternamente frente a mi hogar.
El tiempo, lentamente se agota. La arena de ese enorme reloj casi se llega a su fin. Del mismo modo en que mis lágrimas empiezan a extinguirse.
Ahora, en esta oscura y silenciosa noche, vuelve a sonar la melodía de esa caja de música que creía callada para siempre.

Fallen angel.

La lluvia cae melódicamente sobre el frío suelo. La oscuridad baila un vals con ella, mientras envuelve todos los rincones que alguien teme. Las calles son escasamente iluminadas por alguna que otra farola. La tercera de ellas parpadea constantemente.
Tras tanta soledad y silencio se encuentra ella, corriendo y riendo, rompiendo así todo lo que la noche había impuesto. Su agradable risa resuena entre las innumerables sombras del lugar.
Su cara es tan inocente con esa sonrisa, esa que tanto puedes llegar adorar, por esos graciosos hoyuelos que se marcan en sus mejillas. Sentir con ella cómo si hubieses vuelto a la infancia, a un lugar donde no existe dolor. Un lugar donde abunda lo que anhelamos y deseamos. Un lugar donde nuestros sueños se hacen realidad.
Su pálido vestido ondea al son de sus movimientos, a pesar de estar húmedo y adherido a su piel, trata de seguirla sin llegar a tocarla, como si ella fuera algo delicado y frágil.
Su cabello, contrasta con ese hermoso vestido, tan oscuro y lacio que se confunde con esa inmortal noche. Unas hebras moldeadas en rizos, esos que te invitan a juguetear con ellos cuando nadie te observa.
Su rojizo paraguas quedó muy atrás, olvidado en algún rincón, cuando decidió empezar ese eterno juego.
Esconderse tras algún blanco banco, tras algún verde árbol que adorna esa ciudad, tras la parpadeante farola número tres.
Ahora, permanece en silencio, como si desease no ser escuchada. Al mismo tiempo, trataba de evadir la escasa luz que inundaba esa desierta y húmeda calle, como si quisiera no ser vista, no ser percibida por alguien o algo.
Quizás por un compañero de juegos.
Pero, cuando se da la vuelta, tan sólo se encuentra con la soledad.

Photographs.

Diariamente eterniza algún momento, algún lugar, alguna persona.
Pero nunca aparece en ellos.
Siempre ha preferido permanecer tras la cámara.
¿Por qué motivo?
Quizás tenga miedo de no aparecer en esa imagen.
Quizás, después de todo, no haya nadie en su lugar.